Venom: la mejor película de Ruben Fleischer

Equilibrada, madura y con buena acción.
Por: José Felipe Coria

Entre los temas de las películas basadas en cómics destaca uno: cómo el héroe crea y conserva su personalidad pública. Busca así ocultarse e impedirles a los villanos conocer su hogar y seres queridos. Pero, cuando la personalidad secreta es autónoma y se impone, ¿qué hacer?

Es el asunto clave de Venom (2018), cuarto filme de Ruben Fleischer, donde el personaje creado por David Michelinie y Todd McFarlane es una sustancia extraterrestre llamada “simbionte” (ente que se fusiona con un humano para vivir de él; en dos palabras, un parásito).

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El argumento cuenta cómo el reportero Eddie Brock (Tom Hardy), al investigar las actividades un tanto chuecas del Dr. Carlton Drake (Riz Ahmed), quien desea echar la humanidad a la basura, tiene un incidente con el “simbionte”. Por supuesto, se transforma. Eddie se acopla a Venom (Hardy hace la voz en la versión subtitulada), identidad decidida a controlarlo. El conflicto de la doble personalidad, parecido a una enfermedad mental, es el más complejo visto en un cómic reciente.

Los guionistas Scott Rosenberg, Jeff Pinker, Kelly Marcel & Will Beall hacen de Eddie héroe y malvado. Eddie tiene ética; Venom es amoral. ¿Podrá Eddie imponerse a Venom? ¿Venom entenderá que Eddie busca la verdad no la violencia? Con estas dudas la cinta busca ser más adulta.

El director Fleischer afortunadamente detiene su caída con Venom. Después de la excelente Tierra de zombis (2009) hizo la mediocre 30 minutos o menos (2011) y el churro Fuerza antigángster (2013). Venom es su mejor película, madura y equilibrada; de vanguardistas efectos visuales, con buena acción y conflicto dramático para lucimiento de los actores.
 

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Aunque medio deriva de El hombre araña 3 (2007), el espectador no necesita un doctorado en Estilo y argumentos del Universo Marvel para disfrutar este ágil y entretenido filme sobre el origen del anti-héroe Venom-Eddie (el actor Hardy es, en realidad, el mejor efecto especial). La diversión, pues, está garantizada.

A su vez, No te preocupes, no irá lejos (2018), largometraje 18 del a veces genial a veces chambón Gus Van Sant, con guión de él mismo, basado en la autobiografía de John Callahan (1951-2010), cuenta la historia de este dibujante (Joaquin Phoenix, sensacional), quien quedó semi paralítico debido a un accidente de auto provocado por Dexter (Jack Black) con el que se emborrachó hasta la inconsciencia. No es una ejemplar historia sobre la fortaleza del espíritu humano porque al protagonista hoy se le calificaría como “políticamente incorrecto”. Sus dibujos, de trazos simples, eran de humor negro: hacía burla de su discapacidad. También de las enfermedades y el feminismo.

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El título se refiere a un cartón legendario y repudiado en su momento: unos vaqueros persiguen a un hombre en silla de ruedas. Encuentran ésta tirada en el desierto. Uno dice: “no se preocupen, a pie no irá lejos”.

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Phoenix interpreta a Callahan con variedad de matices: del dolor a la furia, de la irresponsabilidad a la sobriedad, de la insolencia a la autodestrucción. Pero Van Sant reduce la difícil biografía a convencional drama con tintes de comedia sobre un adicto más en recuperación, ayudado por Donnie (Jonah Hill, irreconocible). En una escena Callahan recorre la calle a todo lo que da el motor de la silla de ruedas, metáfora exacta de su vida. Y de la película: es la atrabancada carrera sin sentido de un conmovedor ex alcohólico. El resultado, un filme apenas regular.

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