Los estrenos de la semana: PAPILLON y HOTEL DE CRIMINALES.

Checa lo bueno y lo malo de los estrenos de cine de ésta semana.
Por: José Felipe Coria

Aunque las comparaciones son odiosas, es inevitable hacerlas en este caso considerando la trascendencia del primer filme, Papillon (1973), clásico menor debido a su austero guión, las notables actuaciones de Steve McQueen y Dustin Hoffman, y la dirección de Franklin J. Schaffner, quien creó una interesante tensión entre la soledad del personaje y su deseo por ser libre.

Papillon (1969) es la autobiografía (cuya autenticidad por demasiado novelesca fue en su momento puesta en duda) de Henri Charrière (1906-1973), el supuesto único preso que escapó de la inhumana Isla del Diablo, colonia carcelaria a la que se le condena por un asesinato que, dijo, no cometió. Un intento fallido de fuga agregó a su pena años de encierro en silencio absoluto. Papillon —o Papi—, así llamado por tener un tatuaje de mariposa en el pecho, supervisó en 1973 parte de la filmación. Falleció poco antes del estreno.

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Ahora, el guionista Aaron Guzikowski para Papillon: la gran fuga (2017), cuarta cinta del danés con gusto por personajes marginales Michael Noer, mezcla el libro de Charrière, la secuela por él escrita, Banco, y el guión original de Dalton Trumbo & Lorenzo Semple, en su intento por detallar más la historia, incluyendo un final parecido a la vida real de Charrière.

La nueva versión, en esencia, narra lo mismo. La primera es mejor debido a su sencilla anécdota: Papillon, apresado a fines de los 1920, rumbo a la prisión encuentra a su futuro amigo Louis Dega. Se escapa unos catorce años después.

Entre los detalles ahora agregados están la captura del ladrón Henri Papillon Charrière (Charlie Hunnam, aún buscando el papel que lo haga estrella) frente a su novia Nenette (Eve Hewson, hija del célebre cantante Bono), y cómo fue su inevitable condena. Por supuesto, conoce al falsificador Dega (el buen actor Rami Malek imitando al personaje de Hoffman), y planea fugarse. 

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Quien conozca el filme original encontrará deficiente y malo este segundo. Quien lo desconozca, considerará actual la metáfora del inquebrantable hombre-mariposa con voluntad de hierro.

Pero no verá sutileza alguna en su excesivo estilo, más violento; con mayor abuso físico. En la moda actual de películas inspiradas en “la increíble historia real”, el último crédito en pantalla es la advertencia en letra chiquita “aunque basada en hechos auténticos, algunos de éstos fueron modificados por razones dramáticas”. Este es el camino más seguro para echar a perder lo “verídico”. Por ello esta versión se nota falsa. El resultado es, pues, un churro.

De auténtica curiosidad puede calificarse a Hotel de criminales (2018), debut en la dirección del guionista Drew Pearce, quien le saca jugo al argumento: en Los Ángeles del futuro próximo, en cuanto se privatiza el agua, el crimen sube a niveles alarmantes. Esto crea una economía informal: los maleantes pagan refugio para recuperarse de los balazos recibidos. Al salir mal un robo, los hermanos Waikiki (Sterling K. Brown) y Honolulu (Bryan Tyree Henry) piden posada a la Enfermera (Jodie Foster), quien mantiene al hotel-hospital funcionando con reglas estrictas.

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La historia de ritmo frenético involucra otros feroces criminales, del jefe mafioso (Jeff Goldblum) a la agradable asesina Nice (Sofía Boutella).

Cinta de atmósfera, medio grandiosa, medio absurda, con guiño de ojo al espectador que haya disfrutado Otro día para matar y John Wick 2: un nuevo día para matar, al ser obra de un debutante naturalmente es dispareja. Pero el ingenio de Pearce la mantiene entretenida. 

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