La verdadera mentira detrás de Maestras del engaño

La cinta no funciona por tener chistes obvios, burdos y ridículos. De lo peor del año
Por: José Felipe Coria

Maestras del engaño (2019), debut en la dirección del TV-actor Chris Addison, cambia con increíble ineptitud el código moral y sexual de los dos filmes previos en que se basa.

Consiste en una sobredosis de sexismo invertido encarnado por las estafadoras Penny (Rebel Wilson Oliver Hardy) y Josephine (Anne Hathaway Stan Laurel), de acuerdo al viejísimo guión hecho como Dos pícaros sinvergüenzas (1988, Frank Oz) y como Dos seductores (1964, Ralph Levy; con Marlon Brando y David Niven). 

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Ahora es una aventura de tercera pensada para La Gorda y La Flaca, cuya única originalidad está en la inversión de roles sexuales. Parecía buena idea para aludir a las relaciones contemporáneas entre hombres y mujeres. Pero nunca funciona por chistes obvios, burdos, ridículos de pareja dispareja.

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La falta de inspiración y de inteligencia, y extraviar en el camino su idea dramática sobre la vida fácil, revela que el engaño de esta película es creerse simpática. La maestría está en quitarle el precio de admisión al público a cambio de nada. ¿Una comedia divertida? A duras penas es un churro pasado de moda. Entre lo peor del año. Qué desastre.

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