"El primer hombre en la luna" la mejor película de la semana

El filme protagonizado por Ryan Gosling es uno de los más valiosos del año.
Por: José Felipe Coria

El 20 de julio de 1969 un hecho pasó a ser símbolo del siglo XX: el astronauta Neil Armstrong (1930-2012) caminó en la Luna. Lo cuenta el filme El primer hombre en la luna (2018), cuarto del talentoso Damien Chazelle basado en el libro de James R. Hansen, que trata lo referente al proyecto Apollo y su misión más peligrosa, la de Armstrong (Ryan Gosling, ultra frío consiguiendo una dimensión cerebral en vez de emocional), Buzz Aldrin (Corey Stoll) y Mike Collins (Lukas Haas).

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Chazelle describe esto con minucioso y depurado cuidado dramático, dándole voz a una protagonista en apariencia secundaria, Janet Armstrong (Claire Foy, intensa). La mirada de Janet altera la crónica al dudar sobre la misión: es un acierto porque aumenta el interés de la cinta. Cuya parte sustancial es observar al personaje y su cotidianidad: cómo el ingeniero Armstrong se volvió el astronauta que puso a la vanguardia a la NASA en la carrera espacial entre la URSS y EU.

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Chazelle filma inspirado, para lucimiento de su fotógrafo Linus Sandgren, quien se da vuelo con seis cámaras, cinco lentes y tres formatos diferentes, en 16, 35 y 65 milímetros, para que el público perciba el paso del tiempo en la vida de los personajes y la evolución de la NASA.

El espectacular resultado es muy disfrutable (sobre todo en IMAX). O sea, lo tecnológico-visual está al servicio de una historia clara, directa, íntima y reflexiva sobre lograr un sueño. Sin importar su probable inutilidad.

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El esquema hollywoodense respecto a este tipo de biografías exige hacer más grande que la vida al protagonista. Chazelle lo evita. Prefirió entregar la saga de un hombre común y corriente que consiguió algo extraordinario. Una de las películas valiosas del año. Magistral.  

 

Se les dice pastiche a obras artísticas que imitan con exactitud estilo y contenido de una previa intentando pasar por originales. Destaca el caso literario de Stieg Larsson, autor de la popular trilogía Millenium, donde dio vida a una figura emblemática del siglo XXI, Lisbeth Salander, la justiciera de habilidades casi sobrenaturales para infiltrar computadoras y descubrir secretos e intrigas.

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A la muerte de Larsson, la continuidad de la serie se encomendó al buen escritor David Lagercrantz. Su Lo que no te mata te hace más fuerte, o Millenium 4, es ahora La chica en la telaraña (2018), tercer filme de Fede Álvarez.

El pastiche debe ser riguroso con las reglas del original. Lagercrantz imita bien a Larsson: cronología ajustada a días y horas específicas; trazo lineal, directo, sin adornos; trama sencilla de gran tensión.

El estelar de nuevo es el periodista Mikael Blomkvist; Lisbeth aparece poco a poco hasta ser la principal. Es un policial al viejo estilo con mucho misterio y acciones violentas mínimas.

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Álvarez, en cambio, no imita: copia el estilo de la trilogía fílmica Millenium sueca producida en 2009 y parte de la versión del primer libro hecha en 2011 por David Fincher. Pero se le va la mano: rejuvenece 20 años a Blomkvist (Sverrir Gudnason); pone en primer plano a Lisbeth (Claire Foy, inquietante; sin duda la mejor Salander de las tres que la han interpretado), para enfrentar a su hermana Camilla (Sylvia Hoeks, a la altura de desafiar a Lisbeth); vuelve la novela de Lagercrantz inepto tecno-policial apocalíptico, con violencia a granel.

Álvarez, pues, despedaza el libro con acciones sin reflexión. Su pastiche decepciona. Es una absurda telaraña en la que se enreda traicionando el valor definitorio de Lisbeth: la inteligencia.

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